Hay autores que se leen, otros, como en el caso de Borges se releen casi por obligación, pero además también se practican. Sus cuentos —esa rara mezcla de fábula metafísica, ensayo apócrifo y policial intelectual— no buscan el aplauso fácil ni la moraleja que tranquiliza. Proponen algo más exigente: un ejercicio de lucidez y erudición. […]
